27.2.11

Una guitarra por demás desafinada, un frío alquimista que todo transforma en hielo. Una canción que de movida está arruinada, y un autoestima ya muy adherido al suelo. Las esperanzas guardadas en un cajón, no tienen pilas... ¿Yo qué más le puedo hacer? Por Dios, que dificil que se hace componer cuando me falta tu calor. Y me resulta imposible sacarlo de mi cabeza, un camino de ida y vuelta que termina en la cerveza. Y ruego a Dios que esto termine para poder ser la de antes, que no llorar por hombres y tiene siempre un amante. Ideas que vuelan pero que nunca aterrizan, metáforas como un cuento sin moraleja. Del quinto piso está chistandome una vieja, que cómo yo, ya se olvido de las sonrisas. Un verso triste, que me acaban de vender, y los zapatos que me aprietan el talón. Disculpen que sea tan triste mi canción, es que no lo volveré a ver. Y me resulta imposible, sacarlo de mi cabeza, un camino de ida y vuelta que termina en la cerveza. Y ruego a Dios que esto termine para poder ser la de antes, que no llorar por hombres y tiene siempre un amante. Porque conozco yo el calibre de tus besos, ya no me dejo asesinar, por esa boca. No pongo un pleno más por vos, no tengo un peso, mejor le sedo a otra el turno que me toca. Y tengo miedo a equivocarme, a sufrir, ser lastimada, equivocarse es algo humano, pero amarte es un pecado.

Las pastillas del Abuelo.

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